Clientelequias Matemáticas 01
Cuando un cliente rechaza un trabajo es muy frecuente que trate de buscar causas que no comprende. El logo está mal compuesto, los colores no encajan o la cabecera no tiene ritmo. Conceptos que son ajenos a su profesión.
Cuando se le acaban las escusas acaban soltando un lacónico: “no sé por qué, pero no me gusta”. Sí, tú llevas nueve años trabajando como diseñador, cinco años en la universidad, con una formación sólida y argumentos para defender cualquier decisión estética que hayas tomado. Cualquiera menos ese “no me gusta”. O incluso he escuchado alguno mejor: “ese rojo es muy feo”. ¿Cómo puede ser feo un color?
Al final, como el cliente manda acabas cambiando el rojo por un naranja. Luego un amarillo, un verde; vamos a por un azul… un violeta, un morado… hasta volver al rojo, momento en que el cliente da un golpe en la mesa y grita: -¡Ese, ese! ¡Ese rojo me gusta mucho más, dónde va a parar!-.
Os voy a contar un secreto, clientes del mundo: que os guste más no quiere decir que sea mejor. No es más eficaz porque os parezca bonito. El gusto es algo genial, cada uno tiene el suyo. Y además lo vamos cambiando a lo largo de la vida. Enseñadme un diseñador que sólo haga lo que le gusta y veréis un trabajador limitado. No es lo mismo hacer sólo lo que te gusta que lo que haces siempre te acabe gustando.

Un mensaje puede adoptar mil formas diferentes y ser eficaz en todas ellas. Y si además conseguimos combinar el criterio con el gusto aparece el talento. Así que sentíos libres de aportar ideas a vuestros diseñadores. Pero sólo cambiad algo cuando realmente no funcione, no cuando se aleje de vuestro gusto personal. Y ahora repetid en voz ata: “el gusto no es lo mismo que el criterio y mucho menos que el talento; el gusto no garantiza la eficacia”. Mil veces. Gracias.